{"id":917,"date":"2017-09-01T18:13:05","date_gmt":"2017-09-01T18:13:05","guid":{"rendered":"http:\/\/bantics.xyz\/bgmil\/?p=917"},"modified":"2017-09-01T18:13:05","modified_gmt":"2017-09-01T18:13:05","slug":"discurso-academia-olguin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/discurso-academia-olguin\/","title":{"rendered":"Discurso de ingreso de David Olgu\u00edn a la Academia Mexicana de Artes"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter wp-image-1033 size-large\" src=\"https:\/\/bantics.xyz\/bgmil\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/inv.-david-olguin-1-680x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"680\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/inv.-david-olguin-1-680x1024.jpg 680w, https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/inv.-david-olguin-1-199x300.jpg 199w, https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/inv.-david-olguin-1-768x1157.jpg 768w, https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/inv.-david-olguin-1.jpg 1700w\" sizes=\"(max-width: 680px) 100vw, 680px\" \/><\/p>\n<p><strong><b>Los sentidos del drama<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0<\/b><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201cS\u00f3lo lo in\u00fatil tiene sentido.\u201d<br \/>\nAnton Ch\u00e9jov<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Uno<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Hace poco escuch\u00e9 a un psiquiatra hablar sobre el privilegio que ser\u00eda tener conciencia justo antes de morir. \u201c\u00bfSe imagina poder pensarnos en el momento preciso del \u00faltimo adi\u00f3s?\u201d, se pregunt\u00f3 el doctor y dijo con cierta dulzura: \u201cDebi\u00e9ramos ser capaces de soltar las amarras en paz y despedirnos con gratitud por el tiempo vivido, haya sido poco o mucho\u201d.<\/p>\n<p>La palabra <em><i>privilegio<\/i><\/em> llam\u00f3 mi atenci\u00f3n. Ese hablante imaginaba una muerte l\u00facida y hasta en concordia con uno mismo, m\u00e1s all\u00e1 de las posibles torturas del cuerpo. \u201cPrivilegio\u201d, pens\u00e9, y me asaltaron las palabras \u201cojal\u00e1\u201d, \u201csabidur\u00eda\u201d, y me atrev\u00ed a asociarlas a lo que hay detr\u00e1s de la palabra \u201cbendici\u00f3n\u201d y hasta con el di\u00e1logo de una obra de teatro donde un pintor dice: \u201cDios te d\u00e9 una buena muerte\u201d.<\/p>\n<p>El psiquiatra tej\u00eda palabras a prop\u00f3sito de la zona oscura de la que nadie ha vuelto. Mir\u00e9 su rostro joven, ojos verdes, en paz, gestos apacibles y le descubr\u00ed una sincera confianza en los poderes curativos de la palabra, pues iba y volv\u00eda, lleno de buenos deseos, sobre el tema del duelo y la memoria. Pero ante la reiteraci\u00f3n de la palabra \u201cprivilegio\u201d, mi escepticismo se sublev\u00f3: \u201cbueno fuera\u201d; \u201canhelo m\u00e1s que realidad\u201d; \u201cuna especie de aspiraci\u00f3n\u201d y en ese vaiv\u00e9n no s\u00e9 c\u00f3mo ca\u00ed en las tres preguntas de Stanislavsky, que siempre me han parecido m\u00e1s propias de una lecci\u00f3n de metaf\u00edsica que de t\u00e9cnica actoral.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando volv\u00ed a repasar el dilema del psiquiatra, respond\u00ed las tres preguntas dici\u00e9ndome: \u201csi yo estuviera entre la vida y la muerte, en pleno ejercicio de autoconciencia, esperar\u00eda, a esas alturas del partido, entregar el equipo con la certeza de qui\u00e9n soy, primera de las preguntas de Stanislavski.\u201d \u201cEn cuanto a la segunda\u201d, me dije, \u201cdadas las circunstancias, la respuesta ser\u00eda f\u00e1cil. \u00bfDe d\u00f3nde vengo? Obvio\u201d, pens\u00e9, \u201c\u00bfno dicen que cuando uno va a morir mira su vida como si fuera una pel\u00edcula?\u201d Y por \u00faltimo, ante la tercera que inquiere por el futuro y que hasta ahora siempre he respondido con la pregunta \u00bfacaso uno sabe a d\u00f3nde va?, responder \u00bfa d\u00f3nde voy? ser\u00eda por primera vez certero: \u201c\u00bfA d\u00f3nde m\u00e1s? A la muerte\u201d.<\/p>\n<p>Aquella noche en el consultorio, mi t\u00eda, una paciente que sufre trampas de la percepci\u00f3n y que estaba alterada por el reciente fallecimiento de mi madre, escuchaba aquellas ideas pre\u00f1adas de filosof\u00eda oriental como un pez suspendido en el centro de su pecera, rodeado de objetos y seres distorsionados por las refracciones y reflejos del agua, y por el vidrio mismo de su casa, ese cristal con el que se mira y que tambi\u00e9n afectar\u00eda su visi\u00f3n. No tomo en cuenta la luz mortesina del consultorio para distorsionar a\u00fan m\u00e1s la imagen, pero s\u00ed la considero en mi memoria que rescata aquel encuentro e inevitablemente, al describirlo, lo altera.<\/p>\n<p>El teatro es tiempo, palabra, espacio, acci\u00f3n, simultaneidad, luz, un presente que se va y llena de sensaciones, ideas y emociones nuestra percepci\u00f3n. En la escena del psiquiatra hab\u00eda, adem\u00e1s del infaltable div\u00e1n que da cuenta de un oficio, dos sillas hind\u00fas en las que est\u00e1bamos sentados mi t\u00eda y yo, un tapete persa y, entre los pocos cuadros, una fotograf\u00eda de Mahatama Gandhi que el psiquiatra inclusive se\u00f1al\u00f3 en alg\u00fan momento de su reflexi\u00f3n. Incapaz de verse, de apropiarse stanislavskianamente de las calzas de otro, mi t\u00eda apenas espet\u00f3 una frase al descubrir la foto asociada a nobles ideas c\u00f3smicas: \u201cpor all\u00e1 anduve, la India, muy sucio todo aquello\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Las palabras del psiquiatra invocaban una sabidur\u00eda filos\u00f3fica y hasta religiosa. Ten\u00edan el optimismo a ultranza propio de los pensamientos inmortales. No percib\u00ed, sin embargo, que su versi\u00f3n del sentido de la vida hiciera eco en su paciente. A fuerza de tan solo mirar su ombligo, a pesar de tantos a\u00f1os vividos, creo que mi querida t\u00eda entendi\u00f3 muy poco. \u00bfQu\u00e9? Un galimat\u00edas tal vez o algo m\u00e1s simple: nada. Pero la receta al cabo del pl\u00e1cido discurso, conten\u00eda una carga cient\u00edfica implacable y un ejemplo del choque entre nuestras aspiraciones y la realidad. Le recetaron serenata y pezzil, entre otros f\u00e1rmacos poderosos.<\/p>\n<p>Repaso esta escena porque me hace pensar que el teatro no habita en el desider\u00e1tum de nuestras nobles aspiraciones, ni es resultado de sistemas de pensamiento cerrados y monol\u00f3gicos. La gente de teatro, al paso de los a\u00f1os y por la naturaleza misma de su oficio, desarrolla el privilegio de la autoconciencia. \u201cEl teatro madura en nuestras vidas y nuestras vidas maduran en el teatro\u201d, dec\u00eda mi maestro Ludwik Margules. Yo soy otro, ahora lo puedo afirmar, pues inevitablemente la frecuentaci\u00f3n de la escena nos da una mirada perif\u00e9rica que descubre al diablo en los detalles y el diablo es el hombre de la multitud, mil caras, Legi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa pluralidad de puntos de vista, la mirada colectiva en contrapunto, es la m\u00e1s leg\u00edtima raz\u00f3n de ser del teatro y de ah\u00ed la materia que lo hace un hecho vivo: contradicci\u00f3n, diversidad de planos, enfrentamiento entre la realidad y las verdades o mentiras que afirmamos sobre ella. En el teatro no hay un solo sentido. Por las v\u00edas de una direcci\u00f3n avanzan sistemas ideol\u00f3gicos, religiones y filosof\u00edas, pero si el teatro implicara un sistema de pensamiento uniforme, no reflejar\u00eda la vida en su polifon\u00eda de voces y desencuentros.<\/p>\n<p>El teatro es el arte de los sentidos. Pensar la palabra en plural da cuenta de su esencia colectiva como representaci\u00f3n del mundo, como reuni\u00f3n de especialidades que armonizan saberes para lograr un hecho esc\u00e9nico y como experiencia sinet\u00e9sica que nos impacta en un lapso de tiempo. No es la vida pero es el arte que la representa de manera m\u00e1s certera: presente que transcurre y se escapa, arte ef\u00edmero, la fugacidad misma con voluntad de forma, la b\u00fasqueda de sentido no en su corolario sino en los borradores articulados donde existir transcurre en presente, arte del tiempo, siempre en presente. Si el teatro es el arte m\u00e1s parecido a la vida, entonces tambi\u00e9n puede permitirse celebrar su sinsentido, nuestra desesperaci\u00f3n, nuestro fracaso por ordenar el caos y por entender lo incomprensible, materia prima de las grandes emociones y pensamientos imperfectos que habitan la escena.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Dos<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La dramaturgia no es teatro, pero tampoco es literatura. Me agrada m\u00e1s pensarla, siguiendo a Edward Gordon Craig, como el fruto de un desliz, el resultado de la baja pasi\u00f3n de una se\u00f1ora casada y respetable, la sacrosanta madre literatura, que se revolc\u00f3 con un bailar\u00edn. Esta condici\u00f3n bastarda rodea a la dramaturgia de cierta incomprensi\u00f3n, una especie de no lugar que de origen la hace heterodoxa. Shakespeare dice: \u201cQu\u00e9 v\u00e9rtigo lanzar los ojos al abismo\u2026 All\u00e1 se mira una gran barco del tama\u00f1o de uno de los botes que lo rodean y m\u00e1s all\u00e1, un bote que apenas parece una boya\u201d. En este di\u00e1logo, las palabras son espacio e invocan viento, acantilados, la sonoridad del mar y acaso ning\u00fan sonido real, m\u00e1s all\u00e1 de las asociaciones subjetivas del actor, pues la escena, a esas alturas, pulsa el tiempo del suicida pose\u00eddo por el dios salvaje. Elena Garro describe, con gracia inigualable, una mano que acciona un gis que dibuja una rama y en esa rama, a horcajadas, deber\u00e1 sentarse una actriz. \u00bfC\u00f3mo? \u00bfC\u00f3mo se resuelve la acci\u00f3n que demandan esas palabras? La respuesta conlleva la materialidad e inmaterialidad del teatro, as\u00ed como el cat\u00e1logo de posibles estilos de representaci\u00f3n. Gordon Craig, al preguntar \u201c\u00bfcu\u00e1ntos \u00e1rboles se necesitan en escena para crear un bosque?\u201d, dio pie a pensar la pluralidad de formas que encierra la tradici\u00f3n teatral, sus convenciones, estilos can\u00f3nicos y rupturas.<\/p>\n<p>Tennessee Williams llena de acordes los recorridos de su <em><i>Tranv\u00eda<\/i><\/em> y la Varsoviana es la menos sonora de sus m\u00fasicas. La palabra dram\u00e1tica, en este sentido, contiene espacio, luz, acci\u00f3n, sonoridad; arrastra cojeras, atropellamientos de habla, sudoraciones, palabras\/cuerpo que aspiran a detonar vida y simultaneidad. Tambi\u00e9n es no palabra. A diferencia del hombre de letras, el dramaturgo escribe con la goma. Pinter, por ejemplo, crea una notaci\u00f3n para que se escuche nada y dise\u00f1a una gradaci\u00f3n para los sonidos del silencio, que son los de las emociones: tres puntos suspensivos al final de un di\u00e1logo, pausa y, si llega al colmo, acota con la palabra silencio\u2026 Y en ese intento por consignar lo indecible, las fisuras donde la escritura da pie a la expresi\u00f3n emocional, el resto es silencio.<\/p>\n<p>La dramaturgia es palabra inacabada, respiraci\u00f3n, pulso abierto al tempo-ritmo-duraci\u00f3n una vez que encarna en una boca y un cuerpo, estructura con socavones desconocidos, transitables, secretos por descubrir para los hacedores de teatro y, a trav\u00e9s de esa materia porosa, el dramaturgo expresa su plena confianza en el actor, el gran art\u00edfice del arte teatral. \u201cChillen, putas\u201d, dice el poeta Paz a las palabras; el dramaturgo le hace segunda al poeta pero va m\u00e1s all\u00e1, pues su palabra implica la encarnaci\u00f3n del verbo que se humaniza a trav\u00e9s de los sentidos.<\/p>\n<p>\u201cUna emoci\u00f3n es el resultado psicobiol\u00f3gico de un pensamiento\u201d, afirma Sam Kogan. Nuestros comportamientos y sus consecuencias se dan en un espacio y en un tiempo enmarcados por una luz espec\u00edfica, cambiante, entre cosas con sentido propio y subjetivo, entre paisajes internos y externos que abren paso a la intimidad del actor y, finalmente, a la mirada del p\u00fablico, el testigo de todo.<\/p>\n<p>La pluralidad de sentidos es la esencia misma de la palabra si ha de ser teatral. Octavio Paz nos llama la atenci\u00f3n cuando afirma en <em><i>El arco y la lira<\/i><\/em> que el habla con sus dobles sentidos es la materia prima de la invenci\u00f3n po\u00e9tica. Ah\u00ed las palabras cambian su significado dependiendo del contexto, la situaci\u00f3n y la intenci\u00f3n del hablante. Por su parte, los ling\u00fcistas Austin y Searle nos remiten a la capacidad performativa del habla: las contradicciones entre decir y hacer o las medias palabras asociadas al gesto, y hasta los sinsentidos que nacen de la capacidad humana de juego, humor y asociaci\u00f3n libre, ponen en crisis el significado literal y la denotaci\u00f3n de nuestros decires. En la religi\u00f3n un misterio es una verdad que debemos creer aunque no la podamos demostrar, en el teatro es un acuerdo entre varias voces que pulsan dobles y triples sentidos para hacer visible lo invisible.<\/p>\n<p>Cualquier persona con una pizca de humor sabe de esos repliegues del punto de vista. En <em><i>El inspector<\/i><\/em> de Nicolai G\u00f3gol, entre tantos momentos donde la palabra es gesto, hay una genialidad de sentido m\u00faltiple o del sinsentido seg\u00fan se vea. La mujer del Alcalde recibe un mensaje que su marido tuvo que escribir, a falta de papel, en una cuenta de restaurante, y el di\u00e1logo corre as\u00ed:<\/p>\n<p>ANA ANDREEVNA: \u00bfQu\u00e9 me escribe mi marido? Lee, ni\u00f1a.<\/p>\n<p>MAR\u00cdA ANT\u00d3NOVNA: \u201cMe a-pre-su-ro-\u2026\u201d<\/p>\n<p>ANA ANDREEVNA: Eres un asno. Dame ac\u00e1. \u201cMe apresuro a comunicarte, querida, que mi estado era bastante deplorable; pero, gracias a la misericordia divina\u201d, por dos pepinos en vinagre y media porci\u00f3n de huevas de arenque, un rublo con veinticinco copeicas&#8230; (<em><i>Se interrumpe<\/i><\/em>.) No entiendo nada.<\/p>\n<p>D\u00d3BCHINSKY: Es que su marido escribi\u00f3 en el papel de estraza donde hab\u00eda una cuenta.<\/p>\n<p>ANA ANDREEVNA: \u00a1Claro, ese bruto!<\/p>\n<p>Denotaci\u00f3n y literalidad son malas compa\u00f1\u00edas de la palabra dram\u00e1tica. La complejidad humana encierra m\u00faltiples aristas y las palabras no bastan para expresarla. Ahora me viene a la cabeza Margules dirigiendo encarnizadamente a una actriz y a un actor. La indicaci\u00f3n sonaba as\u00ed: \u201cM\u00e1talo, destr\u00f3zalo, hum\u00edllalo, m\u00e1s en todo ello, amor, mi amor\u201d. Y Ludwik hac\u00eda un gesto por dem\u00e1s elocuente para los sentidos del drama: estiraba el brazo hacia el escenario apuntando \u00fanicamente los dedos \u00edndice y medio, y giraba la mu\u00f1eca enfatizando las diversas caras de una situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Bergman contrapone la belleza y serenidad del paisaje al infierno interno de sus personajes. Alejandro Luna sugiere leer con escepticismo las acotaciones del dramaturgo y, en el mismo orden de ideas, Margules propon\u00eda, como ejercicio de direcci\u00f3n, probar que la acci\u00f3n ocurriera en un espacio radicalmente distinto al descrito en el texto. Luna nos acostumbr\u00f3 al procedimiento sin mayor pr\u00e9dica, simplemente en la materializaci\u00f3n de sus espacios.<\/p>\n<p>Corriente alterna, ying y yang, lentes bifocales, ox\u00edmoron, sentido contrario, afirmar lo opuesto en el instante mismo en que se instala una negaci\u00f3n, conflicto, ah\u00ed habita, entre fuerzas duales, la palabra dram\u00e1tica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Tres<\/b><\/strong><\/p>\n<p>\u201cDe lo seguro, lo m\u00e1s seguro es dudar\u201d, dice Voltaire y entre los sentidos de este texto, he forjado un elogio a la ambig\u00fcedad. No hay dramaturgo sin herida ps\u00edquica. En su interior bullen voces que cantan en contrapunto uno o varios temas. Practico la escritura dram\u00e1tica pero s\u00e9 de sus l\u00edmites gracias al ejercicio de la puesta en escena. Por eso puedo afirmar que la dramaturgia no es teatro, as\u00ed como la escenograf\u00eda o el movimiento <em><i>per se<\/i><\/em> tampoco lo es.<\/p>\n<p>Derrid\u00e1, en su ensayo sobre Artaud, deslinda los l\u00edmites entre el texto y la escena. Nos dice que las palabras se articulan inevitablemente de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, seg\u00fan la lengua; de modo que por m\u00e1s on\u00edricos, surrealistas o desarticulados que pretendamos ser, nos ci\u00f1e una gram\u00e1tica. La grandeza del drama que, entre otras cosas, consiste en rescatar del tiempo formas de vida, al convertirse en escritura traiciona el esp\u00edritu esencial del teatro y separa al dramaturgo de la vida en acci\u00f3n, privilegio de la reuni\u00f3n de familia, el banquete donde cada quien lleva un platillo para hacer del convivio un evento especial.<\/p>\n<p>No hay simultaneidad en la escritura por m\u00e1s que inventemos triples columnas y caligramas o textos-imagen y otros malabares metaf\u00edsicos que son letra muerta aun cuando el texto se plagara, como fantasea <em><i>La invenci\u00f3n de Morel<\/i><\/em>, de artilugios f\u00edlmicos o de rasca-huele para acompa\u00f1ar, por ejemplo, la lectura de la palabra magnolia con su aroma. La experiencia digital tambi\u00e9n limita los sentidos. Pero ante todo la gram\u00e1tica es f\u00e9rrea: ordena, estructura, excluye la rebaba y le da sentido hasta al sinsentido. No hay recurso que iguale las maravillas de la voz humana en nuestros juegos de notaci\u00f3n tipogr\u00e1fica. La palabra inacabada es cuerpo y detona acci\u00f3n pero requiere de otra completud para poder ser. Por eso la sublevaci\u00f3n de Artaud, su anhelo de vida, su entrega insumisa a la condici\u00f3n encarnada y a su inevitable extinci\u00f3n, fugacidad que celebra el arte teatral. \u201cMetaf\u00edsica en acci\u00f3n\u201d, dijo el visionario de Rodez y se opuso a entender al teatro como texto. Luego escribi\u00f3 \u201cNo m\u00e1s obras maestras\u201d y dio alas al concepto de puesta en escena que erigi\u00f3 una guillotina para el autor dram\u00e1tico y que, a la vez, resucit\u00f3 al dramaturgista.<\/p>\n<p>Es imposible encontrar un Tolstoi o un Kempis entre los dramaturgos, ser\u00eda un contranatura, o bien un narrador o ensayista o fil\u00f3sofo que dialoga. La dramaturgia, aun la m\u00e1s ideologizada, se salva por sus contradicciones. En este sentido, si las palabras invocan pluralidad de significados en la boca misma de los hablantes y si la puesta en escena ha demostrado ser un arte aut\u00f3nomo, me resulta inquietante la aparici\u00f3n de la nueva guillotina que ha buscado cortar otra vez la cabeza del dramaturgo en poco menos de cien a\u00f1os. Y como siempre que se invocan guillotinas, la sucesi\u00f3n de guillotinables, seg\u00fan el postdrama, ahora alcanza al director, al concepto de puesta en escena, y a la misma palabra teatro.<\/p>\n<p>Alejandro Luna, que sabe todo de espacios, luz y tiempo, dice: \u201cno existe la escenograf\u00eda, existe el teatro\u201d. Y de igual manera podr\u00edamos decir que el texto dram\u00e1tico es texto, mas no teatro. O que el arte de la direcci\u00f3n, el m\u00e1s inmaterial de todos los convocados, es una especie de anfitri\u00f3n que invita a las partes y conduce la mirada del espectador pero que s\u00f3lo existe en la reuni\u00f3n del todo.<\/p>\n<p>Esta esencia polif\u00f3nica y colectiva permite cuestionar el desmesurado \u00e9nfasis que algunas corrientes de pensamiento teatral, entre ellas la postdramaticidad, le dan a la palabra <em><i>sentido<\/i><\/em>. Como buena tierra de frutos tard\u00edos, nuestro pa\u00eds import\u00f3 tarde la palabra postdrama, aunque ya conoc\u00eda algo de su pr\u00e1ctica. Los a\u00f1os sesentas, desde Jodorowsky hasta Gurrola, ejercieron con libertad parte de sus postulados, pero ya en el siglo XXI la pr\u00e9dica nos lleg\u00f3 procesada, enlatada y con cierto tufo de absolutismo: eres o no eres. Discutir la propiedad del <em><i>sentido<\/i><\/em> es una afirmaci\u00f3n ideol\u00f3gica que cerca la discusi\u00f3n, y con alambre de p\u00faas. No polemiza sobre la esencia pues el teatro, ya lo hemos visto desde distintos \u00e1ngulos, genera sus formas y significados de manera colectiva; tampoco es una discusi\u00f3n est\u00e9tica pues esa la damos por descontado: predicar la novedad es connatural a cualquiera de las artes, procesos de ruptura existen siempre. La discusi\u00f3n sobre qui\u00e9n genera el <em><i>sentido<\/i><\/em> en la escena de hoy es pol\u00edtica y creo que forma parte del pesimismo cultural de la era poscl\u00e1sica, como la llamara George Steiner en su luminoso libro <em><i>En el castillo de Barbazul<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>Vivimos la disoluci\u00f3n de los criterios de autoridad art\u00edstica, del sue\u00f1o de cualquier futuro para la cultura occidental, del ejercicio del arte como trascendencia y, en la voracidad destructiva, los niveladores dinamitan la meritocracia y los patrones can\u00f3nicos: \u00bfpara qu\u00e9 escuela, en el sentido m\u00e1s amplio del t\u00e9rmino, si cualquiera puede actuar, dirigir o teclear en la computadora?<\/p>\n<p>El concepto de puesta en escena estableci\u00f3 la pugna sobre la generaci\u00f3n de sentido en dos polos en el siglo XX: el director y el dramaturgo. Hoy la postdramaticidad clama haber pasado por la guillotina a ambas figuras. Algunos, los ingenuos, dan por cierta la especie. Otros piensan que el tiempo es una materia enredosa y apuestan al futuro que \u201cni cura ni mata, s\u00f3lo verifica\u201d. Otros saben que la historia de las vanguardias es \u201cla historia de las resurrecciones estil\u00edsticas del pasado\u201d y Chejov escribe en su <em><i>Cuaderno de notas<\/i><\/em>: \u201cPredicar la novedad en el arte es propio de los inocentes y de los puros; pero ustedes, rutinarios, ustedes han tomado el poder y no consideran como leg\u00edtimo sino lo que ustedes hacen\u201d.<\/p>\n<p>Hans Thies Lehman, por su parte, define la rebeli\u00f3n postdram\u00e1tica como un hacer que vuelve horizontal la generaci\u00f3n de sentido. Aunque en persona y a toro pasado de su influyente libro deja ver un humor del que carecen sus ac\u00f3litos, Lehman describe c\u00f3mo los de abajo toman el cielo por asalto y destierran al director de escena, el amo del reino, el aut\u00f3crata que gobern\u00f3 en los \u00faltimos cien a\u00f1os. La autor\u00eda, por tanto, se pluraliza; el sentido emana del espacio mismo, del colectivo actoral, de las palabras que hasta pueden ser aleatorias, y de las voces de muchos otros colaboradores.<\/p>\n<p>Sin duda, el concepto de escena expandida ha tra\u00eddo horizontes inesperados y sorprendentes. Las implicaciones para la escritura teatral han sido bastas, importantes. Fascina la idea de obra-paisaje y, ante todo, la intromisi\u00f3n de la realidad en la ficci\u00f3n, la obra-documento, la obra que es realidad y versiones de la verdad, m\u00e1s all\u00e1 de la enorme apertura de recursos pues el dramaturgo se ha apropiado de herramientas de la poes\u00eda, la narrativa y el ensayo. En los mejores casos, esa escritura se liber\u00f3 de preceptivas fijas y hasta de limitantes sobre qu\u00e9 es posible o no materializar en un escenario.<\/p>\n<p>Vivimos, sin embargo, tiempos crueles para el mismo postdrama. La impudicia de la sociedad del espect\u00e1culo y la banalizaci\u00f3n de transgresiones carentes de discurso, empieza a consumirlos pues muchos de sus seguidores \u00fanicamente afectan nuestros sentidos como cualquier espect\u00e1culo del sistema nervioso. El caso Pinoncelli, por ejemplo, es elocuente: el artista franc\u00e9s se amputa un dedo en p\u00fablico y lo deposita en un frasco con formol para luego exhibirlo como obra de arte en un museo. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ni se enteraron de su gesto de protesta. \u00c9l, claro, gan\u00f3 en popularidad y eso determina el mercado y buena parte de la valoraci\u00f3n est\u00e9tica de nuestros d\u00edas. \u201cSi un <em><i>dur d\u00e9sir de durer<\/i><\/em> fue la fuente principal de la cultura cl\u00e1sica\u201d, dice Steiner, \u201cbien pudiera ser que nuestra poscultura estuviera marcada por una disposici\u00f3n, no tanto a soportar los riesgos del saber, cuanto a reducirlos. Ser capaz de encarar posibilidades de autodestrucci\u00f3n y sin embargo entablar el debate con lo desconocido no es cosa de poca monta\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Cuatro<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Y sin embargo el drama se mueve. No es posible aniquilar, por decreto, el conflicto que las palabras encierran en la boca misma de los hablantes. Tampoco el drama desaparecer\u00e1 a partir de un manifiesto sobre el deber ser del teatro. La historia de los textos teatrales nos ense\u00f1a que esa peculiar forma de escritura puede prescindir del personaje, la an\u00e9cdota, la trama, y por supuesto del di\u00e1logo como reflejo mim\u00e9tico de nuestra capacidad de hablantes. Y tras el siglo que ha dinamitado formas y estilos heredados, que ha borrado las fronteras de los g\u00e9neros y las po\u00e9ticas, \u00bfque persiste de la palabra dram\u00e1tica? \u00bfQu\u00e9 queda despu\u00e9s de Beckett y de M\u00fcller y de otros autores que ejercen su escritura en territorios liminales? Conflicto, acci\u00f3n y estructura: teatro, la contradicci\u00f3n humana en el tiempo y el espacio: nacimiento y muerte, ritos de iniciaci\u00f3n y funerales, el paso de las estaciones y las horas, la danza de los astros, las leyes de la f\u00edsica que miden el movimiento, principio y fin.<\/p>\n<p>Las fronteras del teatro son como las fronteras reales; rebasas la l\u00ednea divisoria, te adentras en lo desconocido y uno tarda en saber que ya est\u00e1s en otro territorio y pulsando otro lenguaje. La escena expandida sorprende, pero llega el punto en que deja de ser escena y, por tanto, deja de ser teatro. \u00bfEntonces la parte debe aniquilar al todo? \u00bfLe cambiamos el nombre al ni\u00f1o porque ahora usa ojo bi\u00f3nico y es posthumano? La dramaturgia, la escenograf\u00eda, la iluminaci\u00f3n y cada estilo del pasado y del presente o cada manera de hacer las cosas, \u00bfno puede cobijarse bajo la palabra teatro hasta dejar de ser lo que es y en verdad requerir de otro nombre como carta de identidad? Decir teatro es arrastrar una sabidur\u00eda ancestral y significa y ha significado muchas cosas. El verdadero problema radica en los sentidos que le damos a la palabra y para qu\u00e9 nos cobijamos bajo su generosa sombra. Y entre muchas otras cosas, teatro significa libertad y emancipaci\u00f3n, significa pensarlo, hacerlo y escribirlo desde nuestros horizontes y necesidades, esto es desde aqu\u00ed y ahora sin dejar de mirar su pasado y lo que sucede m\u00e1s all\u00e1 de nuestras fronteras.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed nos autodevaluamos por sistema y la desmemoria propicia el permanente punto de comparaci\u00f3n que nos convierte en pasto de coloniaje, eternos admiradores del arte de las \u201cculturas centrales\u201d. Desde la periferia, escribiendo en los m\u00e1rgenes de la -oh, perm\u00edtanme arrodillarme- historia universal del teatro -mausoleo arrasado por la maquinaria de la extinci\u00f3n, p\u00e1lida sombra de cualquier presente esc\u00e9nico-, me atrevo a escribir esto como testigo de un tiempo aciago y en un pa\u00eds donde el arte teatral implica resistencia. \u00bfPero la resistencia no es el signo del teatro de arte en nuestros tiempos? Resistir implica heterodoxia y rebeli\u00f3n, humanismo e identidad, y la construcci\u00f3n, siempre en presente, de un acto donde los hombres se congregan y se miran los unos a los otros para reconocerse en tiempos poco propicios para ello.<\/p>\n<p>El teatro es refractario a la globalizaci\u00f3n y a la industria cultural. Tambi\u00e9n a la exportaci\u00f3n como vara que mide los m\u00e9ritos de una tradici\u00f3n esc\u00e9nica. La generaci\u00f3n de los Margules, Luna, Gurrola, Mendoza, Castillo, Tavira es extraordinaria como lo es la obra de dramaturgos como Garro y Liera, entre otros. Y hacia atr\u00e1s y hacia adelante podr\u00edamos nombrar a notable gente de teatro de este pa\u00eds y, al frente de ellos, a numerosos actores de altos vuelos. \u00bfRequerimos del reconocimiento de una \u201ccultura central\u201d para valorarlos?<\/p>\n<p>Grandes momentos de teatralidad ocurren hasta en secreto porque pocos se enteran, dada la simultaneidad abrumadora de los destinos humanos en distintas partes del mundo. \u00bfLa gente de Australia, Noruega, China o de alg\u00fan punto de \u00c1frica no se congrega, de vez en cuando, asombrada por la presencia del arte, ante el fuego de la escena? \u00bfQui\u00e9n es el historiador de teatro capaz de consignar tan diversos caminos que, en su mayor\u00eda, nos pasan desapercibidos? Nuestro verdadero enemigo es pensar y hacer teatro con criterios absolutistas que se apropian del sentido. Nuestra \u00fanica obligaci\u00f3n es construir pensamientos aut\u00f3nomos y po\u00e9ticas s\u00f3lidas en contrapunto. Que el Omnipresente, si existe, sea quien juzgue. Que nuestro \u00fanico absoluto sea la voracidad t\u00e9cnica y la necesidad de hacer teatro aqu\u00ed y ahora, a sabiendas de que \u201cs\u00f3lo lo in\u00fatil tiene sentido\u201d.<\/p>\n<p>La vida, como el teatro, pasa. En alg\u00fan momento, lo accesorio se diluye y queda lo esencial, un tanto ajeno a las pasiones y des\u00e1nimos del ahora. El discurso, el m\u00e9todo, la voluntad de resistencia, la postura \u00e9tica y est\u00e9tica, las maneras de hacer y deshacer, la reflexi\u00f3n y el juicio cr\u00edtico de contempor\u00e1neos de anta\u00f1o, permanecer\u00e1n a pesar de nuestra condici\u00f3n ef\u00ecmera para dar luz a nuevas formas y posturas teatrales.<\/p>\n<p>Un teatro sin gur\u00fas es un teatro emancipado. Su \u00fanico absoluto es el que rodea a la construcci\u00f3n de una puesta en escena o a la escritura de un texto -m\u00e1s all\u00e1 de su fortuna. No deja de conmoverme la vida que se consume ante la cercan\u00eda de un estreno, tantas pasiones que agitan su hora, el apocalipsis del fracaso y el torbellino del disco que gira sobre su eje para vivir s\u00f3lo una parcela min\u00fascula de la infinita y fragmentada variedad del teatro. S\u00f3lo el Omnipresente o, mejor dicho, el Demonio, \u201cel hombre de la multitud\u201d lo llama Edgar Allan Poe, podr\u00edan realmente ver todo el gran teatro del mundo y dictarnos qu\u00e9 es lo mejor de lo mejor y el camino a seguir, una jerga tan propia de la vaciedad de nuestras sociedades de consumo o de las pr\u00e9dicas de un p\u00e1rroco de cortijo. Pero aunque Voltaire diga que \u201cde lo seguro, lo m\u00e1s seguro es dudar\u201d, no quiero poner punto final sin afirmar al menos una certeza: si Dios y el Diablo fueran espectadores de buen teatro, pronto se transformar\u00edan al punto de humanizarse y dejar de ser lo que son. Tal vez por ah\u00ed ronda parte del misterio sobre los sentidos del drama: transformarnos al hacer y al mirar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Al m\u00e1rgen<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Quise que esta recepci\u00f3n tuviera lugar en el Teatro El Milagro porque en este espacio orillero he pasado buena parte de mis a\u00f1os. Me acompa\u00f1an David Juan y Luc\u00eda, los hijos que me dio la gran actriz Laura Almela, mi c\u00f3mplice, y aqu\u00ed est\u00e1 Gabriel Pascal, mi compa\u00f1ero de mil batallas. Para ellos, mi gratitud. Tambi\u00e9n agradezco a mis hermanos actores y actrices, a mis socios, a la gente de teatro que aqu\u00ed trabaja, a mis alumnos que tanto me han ense\u00f1ado, a mi maestro Ludwik, a Alejandro Luna, a mi maestra Bianchi por estar siempre, a mis amigas, amigos y parientes. Gracias Lolita que, entre tantas cosas, me ense\u00f1aste que las \u00faltimas horas de una vida se pod\u00edan pasar leyendo a Confucio. Gracias don David por tu mirada tr\u00e1gica y tambi\u00e9n agradecido estoy con mis hermanas Tere y Rosi que comparten la \u00e9pica, c\u00f3mica y l\u00edrica de nuestra familia y nuestro barrio. Gracias Fundaci\u00f3n para las letras mexicanas y Escuela Nacional de Arte Teatral. Gracias por recibirme, admirados miembros de la Academia de Artes entre los suyos. Y con un fragmentito de <em><i>Gratitud<\/i><\/em> digo \u201cGracias a lo que muere,\/ a las u\u00f1as\/ las alas\/ las hormigas,\/ los reflejos\/ el viento\/ la rompiente,\/ el olvido\/ los granos\/ la locura\u201d y a Oliverio Girondo que celebra el sentir de los agradecidos. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los sentidos del drama \u00a0 \u201cS\u00f3lo lo in\u00fatil tiene sentido.\u201d Anton Ch\u00e9jov &nbsp; Uno Hace poco escuch\u00e9 a un psiquiatra hablar sobre el privilegio que ser\u00eda tener conciencia justo antes de morir. \u201c\u00bfSe imagina poder pensarnos en el momento preciso del \u00faltimo adi\u00f3s?\u201d, se pregunt\u00f3 el doctor y dijo con cierta dulzura: \u201cDebi\u00e9ramos ser capaces [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[6],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/917"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=917"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/917\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=917"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=917"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmilagro.org.mx\/st\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=917"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}