Abraham Oceransky. Por Gabriela Núñez

 In Reflexión Crítica

Abraham Oceransky


Hace
poco conocí a una mujer de teatro admirable que me dijo: uno siempre tiene un maestro, alguien de quien dices “es mi maestro”.  El mío fue Julio Castillo, ¿quién es el tuyo? No lo pensé porque lo tengo bien claro; dije: Abraham Oceransky.  Esa mujer es Jesusa Rodríguez.

Y me pregunté por qué eres mi maestro:

Contigo aprendí que existen otras e infinitas percepciones

Contigo aprendí a hacer sin miedo innumerables audiciones

Aprendí a construir y concretar mis fantasías

Que los ensayos tienen más de siete días

Y a ser creativa yo contigo lo aprendí

Contigo aprendí a ver y amar mi cuerpo que es la luna

Contigo aprendí que mi presencia no la cambio por ninguna

Aprendí que el escenario es generoso y celoso

Que en el Teatro siempre hacemos todos de todo

Y a hacer equipo yo contigo lo aprendí

Contigo comprendí que renací el día en que me hice actriz

Y por eso estoy aquí hoy.  Salgo del tono musical para exponer, entre otras anécdotas, los aprendizajes a mi paso por Studio T de Abraham Oceransky. Desde mi experiencia, hay una primera tarea con el maestro: indagar sobre quién eres y validar tus imágenes, descubrir que puedes ser y hacer múltiples personajes y que los límites los pone tu mente; conocer y aceptar la construcción que has hecho de ti mismo, para luego desmontarla y volverla a construir y repetir el ciclo inumerables veces.

Aprendí matemáticas aplicadas: sumar, restar, multiplicar, dividir y la operación menos es mas. Intentaré explicarme. Hablaré de cómo he vivido los procesos creativos con Abraham, las operaciones matemáticas y poco más.

En el proceso creativo de los montajes, dedicamos mucho tiempo de estudio a los materiales que nos dan contexto: lecturas, películas, música, pintura, videos, fotos, etc.;  y sesiones intensas de trabajo corporal: un entrenamiento que nos ponga en sintonía, que entone al grupo y nos predisponga a asimilar un comportamiento físico determinado.  Durante estas sesiones comentamos y compartimos tanto los materiales como los puntos de vista.  Es un período de recibir información, de abrir los ojos y reeducarnos.

Luego vienen las audiciones [ejercicios donde se muestra la visión personal de una escena y/o personaje], mostrar algo que puede o no estar en el texto pero que nos da pistas para entender y aclarar lo que queremos decir y hacer en la puesta en escena, y para diseñarla estética, sin duda.  Muchas de estas audiciones tienen que ver con los antecedentes:instantes que preceden quizás remotamente a los personajes y su circunstancia. Es una etapa de inagotable producción de material creativo que luego se desecha o no pero que puede acercarnos al hallazgo (o no).

Cada actor aporta algo valioso desde su propia perspectiva.  Y ¿quién se queda al final con los personajes, si todos los probamos? Quien mejor realice la operación de sumar los aportes del grupo y sobre todo aquel que cuando lo encarna, no queda duda que ha sintetizado y asume mejor, que el personaje es él. Siempre queda la satisfacción de saber que todos hemos colaborado en su creación, que somos semilla que ha germinado en otro cuerpo.  

Cuando hicimos Doble suicidio (2005-06), una adaptación de Los amantes suicidas de Amijima del dramaturgo japonés Chikamatsu Monzaemon, todos nos cumplimos el sueño de al menos en una ocasión, probar en audiciones todos los personajes, sobre todo el samurai y la cortesana.

A medida que se va armando la obra, se revela que faltan o sobran escenas, que quizá funciona que aparezca un personaje que no está en el texto y conocimos en una audición.  Nos dejamos guiar por el maestro quien tiene el criterio definitivo aunquesiempre pide las consideraciones del grupo.  Durante este mismo montaje (Doble suicidio),Liliana audicionó a la madre de la cortesana Koharu, de quien sólo se dice en el texto: Mi madre depende totalmente de mí, vive debajo de un puente. Cuando pienso que a mi muerte tendrá que convertirse en una mendiga y terminará muriendo de hambre, siento una enorme tristeza.  Lili presentó un ser que nos dejó estupefactos: una mujer indigente que giraba sobre un platito de peltre y mendigaba arroz.  Al conocer a la madre de Koharu, entendimos mucho mejor a Koharu, la vergüenza que probablemente le causaba y la ruina económica y amorosa que le suponía.  Al final el personaje se quedó como parte de la obra para una breve escena y yo lo interpreté, aprovechando lo que hizo Liliana; mi versión era una mujer dentro un carrito con un petate encima como caparazón, uñas largas, arroz en la boca y exigía su comida por derecho de ser madre de la cortesana.  Yo no había visto lo que Liliana vio como posibilidad escénica para el montaje, pero detonó mi imaginación e intenté a mi modo completar la imagen, darle un por qué, cómo, multiplicar las posibilidades creativas.  Así, la madre de Koharu es un personaje encarnado en mí y sus gestores hemos sido Liliana, yo, Abraham y el grupo con sus opiniones.

Esto, como bien deben de imaginar, es un ejercicio constante de desapego porquedurante el proceso tenemos claro que todo lo que aportemos en las audiciones, los hallazgos, independientemente de quién provienen, van para el personaje y la obra, no nos pertenecen.  El reparto se arma sabiendo que la obra es nuestra, la hemos gestado entre todos y sea cual sea el personaje que encarnemos, hemos creado en colectivo.

Y casi siempre se resta: a veces hay cortes, cambios de escenas completas y/odiálogos y/o personajes, todo lo que sobra, porque MENOS ES MÁS. ¿Para qué usar tantas palabras si podemos decir algo con un gesto, con una danza?

Por regla general se divide el trabajo de acuerdo a capacidades y voluntades.  Unos limpiamos el espacio, otros escribimos los boletines de prensa, hacemos producción, arreglamos lámparas, hacemos compras, gestionamos la publicidad, conseguimos patrocinadores, damos entrevistas, y así.  ¿Qué les voy a contar que no sepan? Entre todos es más fácil.

Como parte de las lecciones aprendidas y una de las razones más poderosas por las que permanecí 12 años trabajando ininterrumpidamente en Teatro Studio T es que siempre me sentí retada artísticamente.  Abraham me provocaba a no repetirme como actriz, a seguir indagando, a escudriñar entre mis luces y oscuridades aquello que el nuevo personaje demandaba en forma y contenido.  Mientras montábamos Cuentos de niebla(2001) audicioné a la madre de la Mujer del hacendado: mostré una versión y al terminar el maestro me dijo: Bien.  Otra. ¿Ahora? Ahora. ¡Vas! Salí de escena y tomé los elementos que encontré a mano y presenté una nueva buscando no sólo una caracterización en el comportamiento físico sino de contenido y registro distinto.  Dijo: Bien. Otra. Así 4 veces. No me dio tiempo a que lo meditara y preparara, estaba agotando y corrigiendo sobre la marcha mis ideas sin dar tiempo a que mi mente bloqueara la acción, sacando el material que en el inconsciente ya estaba asociado a la Madre.  Recuerdo haber terminado la sesión agotada pero con una poderosa cantidad de elementos para seleccionar lo necesario.  Ese día lo atesoro porque aprendí muchísimo sobre las posibilidades infinitas que se esconden detrás de una mente que construye, aprendí que soy capaz de mucho más de lo que creo y que el cansancio puede ser un aliado.  

Abraham trabaja mucho en el detalle, en esos personajes que aparentemente no tienen importancia pero que definen y determinan las atmósferas, la estética y a los otrospersonajes: aquellos que sirven la mesa, abren las puertas, visten a otros, aparecen o desaparecen kimonos, hombres de negro que disponen la escena, y aquellos que son lujo y terror.  Y resulta que estos personajes “pequeños” se vuelven imprescindibles para el montaje y grandes maestros que nos llenan de satisfacción como actores.  

Abraham insiste cada nuevo montaje en hacernos cambiar el chip: nos provoca a salirnos de nuestros convencionalismos y acceder a una estética nueva, crear un universo único, de imágenes alucinantes, a descubrir los millones de matices que tiene cada color.  Es un director que te empuja a la fragilidad, a lo bello, a lo crudo, a las contradicciones de lo sutil y violento a la vez, a la perfección y profundidad, a no estacionarse, a cumplir las fantasías, a salir de la comodidad y complejizar, a mostrar y mejorar lo que haces y encontrar placer en ello; a entender que a través de la obsesión en el trabajo se revela lo desconocido, a hacer que lo difícil parezca sencillo.  

Los procesos suelen ser largos porque la obra no se estrena hasta que no está lista, hasta que el grupo está entonado y cada actor desde su lugar encamina y desarrolla su creación, cuando el Universo que planteamos está completo y se mueve, vibra por símismo, cuando la obra suena.  Es un período delicioso de crisis, fracasos y triunfos, un tiempo agridulce en el que piensas más de una vez en renunciar.

Eres mi maestro. Pero quizá haya muchos otros y otras que no hayan tenido una experiencia como la mía y no guarden todas sus memorias con el mismo celo que yo.  Porque me queda claro que hacerte, declararte mi maestro ha sido un acto personal, voluntario, el sí que decimos cuando encontramos el amor. Y a partir de conocerte se abrió una puerta que me ha conducido a otras puertas con misterios que me cuestionan e intrigan.

Abraham: eres lo más parecido que conozco a un hombre libre. Te renuevas en cada obra y me sorprendes como si no te conociera, reconozco que me rebasan tu imaginación y creatividad, te admiro tanto que quisiera tener el poder sobrehumano de entrar alguna vez en tu mundo interior para ver lo que te alimenta, imagino que si lo hiciera, sería un viaje de colores y aromas, de sensaciones múltiples.  Valoro que todos estos años de conocerte me hayas dado tantas pruebas de amistad y amor.  Me has alimentado un montón de veces, me has dado hospedaje, consejos, aliento y consuelo, me has ayudado a fortalecer mi carácter y voluntad.  Has demostrado que me amas como amas a tu familia, que eres leal conmigo y que te equivocas también, como yo.

Antes de terminar, destacaré que más allá de todo, atesoro estas poderosas lecciones que me acompañan siempre:

1. La disciplina, el trabajo, la reeducación del cuerpo y la mente, la búsqueda de la perfección te acercan a cumplir tus deseos.
2. Invierte tiempo y dinero en lo que te hace crecer y te da placer.
3. Estudia y crea tu propia técnica.  Aprende de ti.
4. Limpia el escenario.  No entres a escena si no eres esperado.
5. El Teatro se hace en grupo, todos apostamos por cumplir el mismo sueño, somos familia.
6. Ama tu profesión, defiéndela. Aspira al Arte.
7. Busca la mejor versión de ti mismo cada vez, la que te haga feliz. Vuélvete experto. Cree en ti.
8. En los instantes sutiles, de delirio, habita la belleza.
9. Dulce, amargo; así es la vida.
10. El amor es cabrón.

Gracias maestro por tu valentía.

Gracias por tu Arte. Gracias por los teatros que has levantado y todos los artistas que has formado.  Gracias por tu sentido del humor y suavidad.  Gracias por buscar la belleza. Gracias por tus escenografías de pisos lujosísimos hechos con poco dinero pero con mucho ingenio. Gracias por tu coherencia e inteligencia.  Gracias por tu entrega.

Gracias por llegar a Xalapa y persistir durante todos estos años.

Gracias por RESISTIR.

Espero encontrarte en la próxima vida.

Y GRACIAS así, con mayúsculas, al Teatro El Milagro, a David Olguín, Gabriel Pascal, Juan Alonso, Emmanuel, Ramiro Galeana, Rocío Blasio, Virginia, Elizabeth y Celso por rendir homenaje al Maestro y reconocer así las valiosas contribuciones que ha hecho al teatro mexicano y su valor artístico como hombre de teatro.

Podría alargarme contando anécdotas y aprendizajes pero como dicen los jarochos SÉ BREVE Y AGRADARÁS, aquí lo dejo.

Muchas gracias.

Gabriela Núñez

Lunes 19 de marzo de 2018, Teatro El Milagro.

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